Pedagogía para el cliente

Una de las quejas más comunes entre los que nos dedicamos al desarrollo, el diseño gráfico o cualquier otra tarea de índole creativa es la escasa valoración que los clientes hacen de nuestro trabajo.

Quizás porque manejamos herramientas más o menos populares, o porque existe la falsa creencia de que no hace falta mucho esfuerzo para elaborar una web, desarrollar una aplicación o diseñar un logotipo; son muchos los clientes que rebaten nuestras decisiones con argumentos más o menos elaborados, sin consideración alguna a nuestro trabajo.

Si no somos capaces de discutir a un médico su diagnóstico o a un mecánico cómo ha arreglado nuestro coche, ¿por qué de repente todos tenemos el conocimiento adecuado para verter opiniones sobre el trabajo de un profesional?

Siempre he sostenido que la mejor forma de luchar contra esta mala costumbre es la pedagogía al cliente, la explicación con detalle de todo el proceso de desarrollo, desde el análisis del problema hasta la justificación de la propuesta seleccionada para su resolución. Solo así el cliente será consciente del trabajo que hay detrás del programa o la imagen gráfica que le estamos presentando, se dará cuenta de que no sabe tanto como creía saber, y aprenderá a valorar nuestro trabajo.

Ayer presentamos a un cliente nuestra propuesta para el identificador gráfico de su nueva web. Lo hicimos con una sencilla y atractiva presentación en PowerPoint, y numerosos argumentos que justificaran las decisiones tomadas. Durante la presentación, el cliente fue consciente de que estábamos presentándole la que creíamos la mejor solución gráfica para su marca. Quizás nos equivocáramos. Quizás no era lo que estaba esperando. Pero supimos defender nuestro trabajo y demostrar nuestra profesionalidad.

Hoy nos ha dado su respuesta. Ha sido un sí.

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